martes, 07 de noviembre de 2006
Redacción;IntCat.org




Los abortos, hoy llamados interrupciones voluntarias del embarazo -qué forma tan sutil de pretender dulcificar el nombre y la acción-, han aumentado disparatadamente en España. En el año 2005 ha crecido su proporción en un 11,7%, superando en el año los 95.000.Siendo esto así, como mínimo en España habrán dejado de nacer 260 niños cada día debido al aborto, con un aborto cada 5,5 minutos.



Las estadísticas lo enfocan de la manera explicada en el párrafo anterior, pero la realidad - que no es estadística- habla de forma muy diferente. No es que habrán dejado de nacer 260 niños al día en España; sino que 260 niños en España, habrán sido asesinados diariamente, pues se les ha provocado intencionadamente la muerte.



Repasemos los casos en que está legalizado el aborto en España: La violación de la mujer, la malformación del feto, y el daño físico o psicológico de la madre. ¿Puede haberse incrementado un 11,7% la violación?: no. ¿Un 11,7% de fetos más en el año 2005 habrán podido malformarse?: por supuesto que no. ¿Qué queda, pues?.Pues sí, que un 11,7% más de mujeres han decidido "deshacerse" de su hijo.¿Por cuestiones de daño físico?: pocas, podrían contarse con los dedos.







Hablemos claro, porque con claridad se entiende la gente. 260 niños diarios han encontrado la muerte bajo la excusa de problemas psicológicos de su madre. Una muerte muy peculiar: masacrados. Masacrados quiere decir exactamente que deshechos, descuartizados, bañados en sangre. Y para más INRI, con dolor, con dolor físico, porque son seres vivos a los que se les infringe un daño físico, y el daño físico- todos lo sabemos-duele.



¿Qué puede ser lo que lleve a una madre a deshacerse de forma tan cruenta y cruel de un hijo? ¿Qué encuentra en su justificación para poder llegar hasta ese extremo?.No hace falta tener demasiado sentido común para dar la respuesta. La mayoría de las madres que deciden llegar a esta abominación lo hacen porque quieren vivir para sí mismas, solo para sí y por sí. Estorba esa relación de madre/hijo y recurre la madre a destruir esa relación, a interrumpirla, decidiendo egoístamente en encerrarse únicamente en su Yo particular.



Hay alguien que tiende la mano a esa madre. No para ayudarla, no para favorecer esa relación que debiera tener con ese hijo, no para complicarse un poco su vida en favor de la madre y del hijo, no. Ese alguien que aparentemente la ayuda, es ese ser que la empuja en el error vital de conseguir que alcance su autonomía, que rompa con esa relación interhumana correcta, que altere el equilibrio .Es el médico abortista, aparentemente compasivo.¿Compasivo? ¿en qué?



Hay más figuras protagonistas en escena. No son pocas las madres que, amantes de sus hijas, se prestan a salvarlas de sus complicaciones futuras: las responsabilidades que pudieran emanar del nacimiento, crecimiento y vida del niño. Madres que liberan a sus hijas de toda carga y responsabilidad, y que por no complicarse tampoco la vida ellas se niegan a ser abuelas, cortando de raíz la vida de ese niño, sangre de sus sangres, que viene al mundo como vinieron ellas.



No, esta sociedad no camina por buenos derroteros. Se encierra cada vez más sobre sí misma. Enaltece el bienestar, la comodidad, la falta de complicaciones, el "bien vivir", el egoísmo. Enaltece y fabrica el Yo, y el Yo se extiende como la pólvora. Ha matado al Tú.



Esta sociedad se engaña a sí misma. El Yo nunca puede encontrar felicidad sin el Tú. El hombre tiene su mismidad no sólo dentro de sí, sino también fuera: vive para aquellos a los que ama; para aquellos gracias a los cuales vive y para los cuales existe. El hombre es relación y tiene su vida, a sí mismo, sólo como relación. Yo solo no soy nada, solo en el Tú y para el Tú soy Yo-mismo. Verdadero hombre, verdadera mujer significa: estar en la relación del amor, del por y del para. Y pecado, porque de eso se trata, nombre que ha desaparecido de nuestro vocabulario, realidad que hemos tratado de borrar de nuestra alma, significa estorbar la relación o destruirla. Y aquí, ¿para qué vamos a tratar de engañarnos?, está la esencia de este crecimiento disparatado del número de abortos en España: el pecado. Veremos a dónde nos lleva.
Publicado por Solveijg @ 23:14  | Aborto
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