Por Juan Ramón García-Morato *
Escribir al final del día impide que se articulen coherentemente tres palabras seguidas. Se impone un descanso, y la música es lo más a mano en este momento. Mejor, lo único a mano y, además, en forma de elección contundente, de sí o no. A la vista sólo está el Requiem de Mozart. No es mala cosa: al fin y al cabo, comienza pidiendo a Dios el descanso..., eterno en este caso. Pero, sin duda, se descansará mucho mejor después si a [...]
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