viernes, 30 de septiembre de 2005
El cardenal Sodano pide en la ONU que se aclare el término «salud reproductiva»
Propone utilizar la expresión «salud de las mujeres y los niños»


NUEVA YORK, domingo, 18 septiembre 2005 (ZENIT.org).- Al tomar la palabra ante la Cumbre Mundial de 170 jefes de estado y gobierno en la sede de las Naciones Unidas, el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, pidió aclarar el término de «salud reproductiva», concepto con en el que en conferencias convocadas por esa institución se ha tratado de incluir al aborto.

El purpurado italiano sugirió más claridad en las expresiones y propuso la utilización en este caso del término «salud de las mujeres y de los niños».

La intervención del cardenal reivindicó con fuerza el respeto de los compromisos asumidos por la comunidad internacional para eliminar la pobreza.

En este contexto, afirmó: «A la humanidad expuesta a las actuales pandemias y a otras peligrosamente en acecho, a las masas de seres humanos privados de acceso a la salud básica, a la aspirina y al agua potable, no podemos ofrecerles una visión ambigua, limitada o, sin más, ideológica de la salud».

«¿No sería mejor hablar claramente de «salud de las mujeres y los niños» en vez de usar el término de «salud reproductiva»?», preguntó Sodano.

«¿Acaso se quiere volver a hablar de un derecho al aborto?», insistió al concluir su ponencia.

Antes de la cumbre, el cardenal Sodano había enviado una carta a obispos del mundo para alertarles ante la campaña de la organización «Católicas por el Derecho a decidir», que buscaba firmas de religiosos para incluir el concepto «reproductive health» (salud reproductiva) en la Declaración Política de los Jefes de Estado y de Gobierno, de la reunión celebrada en Nueva York entre el 14 y el 16 de setiembre.

«Como podrá observar --decía la carta del purpurado--, el concepto de "reproductive health" es muy ambiguo. En las conferencias de El Cairo y Pekín fue utilizado para incluir el aborto como medio de planificación familiar, tanto que la Santa Sede y otros países debieron recurrir a la así llamada "reserva" para aclarar el significado distinto entendido por ellos».

«La expresión "reproductive health" inserto en la mencionada Declaración del Vértice del Millennium+5 haría referencia únicamente al significado dado por los documentos de El Cairo y de Pekín y, por lo tanto, sería inaceptable para la Santa Sede», seguía afirmando la misiva.
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El cardenal Sodano pide reformas en la ONU
En particular, apoya la creación de una Comisión para la construcción de la paz

NUEVA YORK, domingo, 18 septiembre 2005 (ZENIT.org).- La mano derecha de Benedicto XVI en la guía de la Santa Sede tomó el 16 de septiembre la palabra en la cumbre de Cumbre de jefes de estado y de gobierno de 170 países para subrayar la necesidad de las Naciones Unidas y al mismo tiempo exigir una reforma de esta institución.

El cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, reconoció que esta institución, que celebra sus sesenta años, respaldó en particular la labor para promover la paz, por lo que apoyó la creación de una «Peacebuilding Comission», una Comisión para la construcción de la paz.

La ONU, «como toda realidad humana» --reconoció el purpurado italiano--, «ha sufrido muchos desgastes en el transcurso de estos años. Hay ahora una común convicción de que debe renovarse, afrontando los grandes retos del momento presente».

«La ONU no es ciertamente un supergobierno --advirtió--. Es más bien el resultado de la voluntad política de cada uno de los países miembros».

Por este motivo, haciéndose portavoz de la «gente común», reclamó a los responsables de las naciones: «dadnos una institución moderna, capaz de tomar determinaciones y de hacerlas respetar».

«Este es un llamamiento apremiante que llega hasta nosotros por parte de hombres y mujeres decepcionados por promesas hechas y no cumplidas, por resoluciones adoptadas y no respetadas», afirmó.

«Este grito debe infundirnos la determinación necesaria para emprender una reforma institucional de la ONU, una reforma que esté atenta a las exigencias reales de nuestros pueblos más que a los equilibrios de poder», aclaró.

La intervención del cardenal era esperada entre las cancillerías de varios países para ver si en esta materia se daba un cambio entre la diplomacia seguida por Juan Pablo II y la de Benedicto XVI. El mismo cardenal Sodano, en una entrevista concedida el 15 de septiembre al diario italiano «La Stampa» aclaraba que en estas cuestiones en la Santa Sede se da «la bella tradición de la continuidad».

Entre las ideas de reforma para la ONU, Sodano insistió en ofrecer los «instrumentos jurídicos internacionales necesarios para el desarme y para el control del armamento, para la lucha contra el terrorismo y el crimen transnacional y para la cooperación efectiva entre las Naciones Unidas y los organismos regionales, a fin de resolver las situaciones de conflicto».

En este sentido, aseguró, «la Santa Sede es favorable a la creación de un organismo para llevar de nuevo la paz a los países que sufren enfrentamientos armados. La Santa Sede es favorable a la "Peacebuilding Comission", que podría planificar y poner en práctica una ambiciosa estrategia para superar aquellos factores de rivalidades étnicas que son la causa de los conflictos y que pueden volver a serlo en el futuro».

«Las tragedias acaecidas en los Balcanes, en Medio Oriente y en África nos deben hacer meditar. Ahora es importante el compromiso que asumamos para fomentar una cultura de prevención de los conflictos, pero también será necesario profundizar bien en el problema del uso de la fuerza para desarmar al agresor», aclaró.

«La "Responsabilidad de proteger" tiene su origen en un concepto político y jurídico muy importante, desarrollado progresivamente en los 60 años de existencia de la ONU. Ello nos recuerda, esencialmente, la preeminencia de la dignidad de cada hombre o mujer sobre el Estado y sobre todo sistema ideológico»

Ante esta reforma de la ONU, afirmó el cardenal, la Santa Sede pide a los Estados que «tengan la valentía de continuar los debates sobre los modos de aplicación y las consecuencias prácticas del principio de la "Responsabilidad de proteger"».

Esta obligación, aclaró, debe ejercerse «a través del Consejo de Seguridad y siguiendo las indicaciones del capítulo VII del Estatuto de la ONU», ante aquellas «situaciones en las cuales las autoridades nacionales no quieren o no pueden proteger a sus propias gentes, frente a las amenazas internas y externas».

A esta obligación, Juan Pablo II había dedicado algunos elocuentes discursos, particularmente en los años noventa, y le dio el nombre de «intervención humanitaria».
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Publicado por Solveijg @ 17:34  | Dignidad humana
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