Yo espero ansiosamente por el lejano día,
en el que mi trabajo terrenal se termine,
y pueda ir hacia Cristo con dolor y alegría,
y rescatar mi niño entre los serafines.
Y llevarlo de pesca por celestiales ríos,
y dar a mi pequeño su tarde de pelota,
y divertirnos juntos, y dejarle que ría,
y quitarme la pena de sus alitas rotas.
Yo nunca pude verlo, porque fué eliminado,
mientras iba escondido en el claustro materno.
Yo nunca ví su rostro, pero lo he adivinado
desde este desamparo de mi dolor paterno.
Se que fuí perdonado por la Gracia Divina,
de ese Cielo tan alto que enfrentaré mañana,
que aborto es la palabra que al oído lastima,
en el odio y veneno de fieras inhumanas.
Para gozar la vida en siniestra ignorancia,
yo devolví el regalo de un angelito alado.
Dolorosa vergüenza fue mi sola ganancia,
¡Perdóname hijo mío!...¡Yo volveré a tu lado!
Keith Piper, (Versión al español por Loló Acosta de Villalta.)