Testimonio una mujer que abortó: "Al experimentar el perdón de Dios, pude perdonarme a mí misma"
Hace más de diez años, Esperanza Puente abortó a su segundo hijo cuando fue abandonada por su pareja. Esta mujer, que se ha convertido en la portavoz de las Mujeres Víctimas del Aborto, dedica ahora parte de su tiempo a ofrecer su testimonio, para evitar que otras mujeres cometan el mismo error.
Ayer lo hizo en el Centro Cultural de Ibercaja, en Guadalajara, en un acto organizado por la Asociación Cosocial de Guadalajara, en la que médicos y pedagogos abordaron en una conferencia, el problema del aborto y la manipulación de la vida desde su concepción hasta su muerte.
A través de la Asociación Víctimas del Aborto (AVA), Veritas ha tenido acceso al testimonio de Esperanza Puente, del que ofrecemos algunos de los párrafos más significativos:
"Las clínicas mienten y no cumplen la ley de ofrecer alternativas e informar sobre todas las secuelas del aborto. No dejan tiempo para decidir: es todo en menos de tres horas".
"Desde el día en que me enteré que estaba embarazada hasta que llamé a la Clínica Dátor de Madrid transcurrió una semana. Había que hacerlo pronto para no pensar. Al llamar, me dieron cita para el día siguiente. En el centro también sabían que, cuanto más rápido, menos posibilidad de vuelta atrás".
"No me explicaron nada de la intervención, de los efectos adversos, las alternativas... Era una cliente que pedía un producto y pagaba por el aborto".
"Entré en una habitación pequeñísima, una enfermera me dijo: "Entra ahí y desnúdate". Era un aseo muy reducido donde apenas podía moverme. Mientras tanto oía cómo las enfermeras conversaban sobre el fin de semana que había pasado una con su suegra que estaba enferma. Me dijo la enfermera: "Túmbate y sube las piernas, y pon los talones aquí". En ese momento entró el médico, y como si yo no existiera, siguió la conversación con las enfermeras. Comenzó a tocarme el bajo vientre. Dijo: "Venga relájate que si no va a ser más doloroso de lo que debe ser". El tono era firme, seco y autoritario".
"De pronto, el médico dejó a su izquierda un recipiente de cristal con mi hijo en trocitos dentro. "Ya está", dijo. Se levantó y se fue".
"Una enfermera me ayudó a levantarme y la otra cogió el recipiente con el cadáver de mi hijo y lo sacó de la habitación".
"Al cabo de media hora apareció otra enfermera. Me dijo: "Bueno, mira, estas pastillas son para la hemorragia y esto es el antibiótico, por si tuvieras infección. No mantengas relaciones durante quince días y ya te puedes marchar"".
"Cuando me di cuenta de lo que había hecho y me habían hecho, fui a un psiquiatra de un centro de salud mental de la seguridad social y me dijeron que no me pasaba nada: que era todo un tema neurológico. Ésa fue la explicación que le dieron a mi sufrimiento por haber perdido a mi hijo. Por eso tuve que recurrir a asistencia psiquiátrica privada a mi costa".
"El síndrome post-aborto existe y está latente siempre, sale en toda mujer que aborta antes o después. En el 100% de las mujeres sucede: lo sabemos en AVA por experiencia atendiendo a casos de mujeres que han pasado por lo mismo que yo".
"Durante mucho tiempo no pude mirar a una embarazada. Instintivamente volvía la cara y, a veces, me obligaba a mirar para torturarme, buscando un castigo por lo que había hecho. Intentaba seguir con mi rutina diaria pero ya no es igual, algo se ha quebrado por dentro y no era capaz de recomponerlo".
"El problema mayor que tiene una mujer es que nunca se perdona lo que le hizo a su hijo. Toda mujer sabe que aborta a su hijo. A mí la fe me ayudó a superar la enfermedad que me causó el aborto: al experimentar el perdón de Dios pude perdonarme a mí misma. La fe me sigue ayudando para dar este testimonio donde haga falta".
Guadalajara
Esperanza Puente es hoy la portavoz de las Mujeres Víctimas del Aborto
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